- La Federación de Consumidores y Usuarios advierte que las personas consumidoras están pagando un sistema insostenible y se necesitan medidas para transitar hacia otro modelo de producción.
La gripe aviar lleva semanas afectando al coste de la cesta de la compra por el incremento de precio de uno de los alimentos básicos de las personas consumidoras: el huevo. Este aumento ha provocado que la gripe aviar ya no sea solo un asunto técnico del sector ganadero; sino que se ha convertido en un problema que también sufren miles de hogares cuando hacen la compra.
A pesar de que el precio del huevo ha venido subiendo desde el año 2021 de forma progresiva, el impacto de la gripe aviar ha acelerado de forma notable esta tendencia. Según los últimos datos del Índice de Precios al Consumo (IPC), el precio de los huevos ha aumentado un 22,5 % en el último año, la mayor subida de todos los alimentos. En la práctica, esto significa que muchas consumidoras están pagando más de 3 euros por una docena de huevos, un encarecimiento difícil de asumir para muchos hogares, especialmente en un contexto de inflación generalizada.
Cuando la transmisión de esta enfermedad entra en un sistema basado en granjas con miles de animales concentrados en poco espacio, las consecuencias son inmediatas: menos oferta y precios más altos. La proliferación de la gripe aviar ha obligado a sacrificar más de 2,5 millones de gallinas ponedoras y a imponer restricciones sanitarias que han reducido la producción y elevado sus costes. Por otro lado, se ha decretado la orden de confinar todas las explotaciones de aves de corral al aire libre para prevenir los contagios, lo cual afecta especialmente a las producciones de huevos ecológicos y camperos.
Esta situación pone de relieve un problema de fondo. Los modelos de producción intensiva, que concentran un gran número de animales en poco espacio, facilitan la rápida propagación de enfermedades. Al mismo tiempo, las producciones abiertas carecen de apoyos que les permita realizar una adaptación de sus instalaciones para mantener las producciones al aire libre. Cuando aparecen brotes, se producen sacrificios masivos, aumentan los costes de producción y se generan crisis que acaban trasladándose al precio que pagamos las personas consumidoras.
Aunque ahora la atención está puesta en el precio huevo, el caso de la peste porcina ofrece una advertencia clara. Aunque hasta el momento no supone un riesgo para la salud humana, su presencia ha generado importantes tensiones en el sector porcino y demuestra cómo la transmisión de enfermedades en animales de consumo humano puede alterar los sistemas productivos y los mercados, así como ocasionar subidas de precios en otros productos básicos.
Frente a este modelo vulnerable, existen alternativas más sostenibles, como la avicultura ecológica y campera o la ganadería en extensivo, donde los animales disponen de más espacio y mejores condiciones de bienestar. Estos sistemas no eliminan todos los riesgos, pero reducen la propagación de enfermedades y hacen el sistema más resistente ante futuras crisis.
Eduardo Montero, experto en alimentación de CECU: “La subida del precio del huevo no puede abordarse solo con medidas de emergencia. Es necesario apostar por una transición hacia modelos de producción más sostenibles, con apoyo público suficiente, para que el coste del cambio no recaiga ni en las personas consumidoras ni en las productoras que deciden apostar por modelos de producción sostenibles, que ya están pagando las consecuencias de un sistema frágil. Garantizar alimentos a precios justos pasa también por repensar cómo los producimos.”




