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Comunicación

La bomba de calor: clave para reducir la demanda energética, también en nuestras viviendas

La bomba de calor: clave para reducir la demanda energética, también en nuestras viviendas

El objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050 se aleja a pesar de ser más importante que nunca. Por eso, debemos preguntarnos: ¿estamos preparándonos para adaptarnos a las consecuencias del cambio climático? España está situada en una zona especialmente vulnerable a sus impactos, por lo que nos jugamos mucho.

Para implementar la necesaria descarbonización de nuestras viviendas en tan solo 25 años es necesario un plan ambicioso para la retirada del suministro de gas y gasoil de nuestros hogares, así como afrontar la rehabilitación energética del parque residencial que reduzca al mínimo la demanda energética de los edificios. No se trata solo de ahorro energético o económico: es también una cuestión de salud pública. Sin embargo, a pesar de los plazos europeos para cumplir con los compromisos adquiridos, no se está avanzando a la velocidad necesaria. 

  • A partir de 2025, no habrá ayudas financieras ni subvenciones de la administración pública para renovación de calderas de combustibles fósiles.
  • A partir de 2030, los nuevos edificios deben ser “cero emisiones”, por lo que no podrán usar gas natural u otros combustibles.
  • Para 2050, el compromiso europeo de transformar nuestro parque de viviendas en edificios de cero emisiones nos llevará a no utilizar combustibles fósiles en nuestros suministros energéticos. 

Ante esta realidad, instalar un sistema de aerotermia es una solución eficiente, económica y sostenible para la calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria de una vivienda, porque proporciona más energía de la que consume. Pero, debido a su alto coste de inversión inicial, debemos considerarla como una inversión a largo plazo.   

Los datos que encontramos de la implementación de la bomba de calor son aún poco significativos. Sumando los que proporciona el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), que cifra en 4.098.476 el número de bombas de calor instaladas en el sector residencial en el año 2022, y los datos de la Asociación de fabricantes de equipos de climatización (AFEC), 1.275.428 de unidades vendidas en 2023 y 1.379.949 unidades en 2024, podemos calcular un total de 6.753.853 unidades de bombas de calor instaladas 

Si en España existen 18 millones y medio de viviendas principales, según el INE, y son 8 millones las que cuentan con suministro de gas, se puede deducir que el resto, es decir, 10,5 millones de viviendas, tienen el suministro de la calefacción y agua caliente con electricidad u otros combustibles fósiles (biomasa, gasoil…), lo que queda muy alejado de la cifra de bombas de calor instaladas.

La bomba de calor en viviendas se está introduciendo principalmente en nueva construcción y no tanto en procesos de rehabilitación de viviendas. En un sondeo que hemos realizado con la organización de consumidores y usuarios europea BEUC, hemos detectado que solo los consumidores más comprometidos y preocupados con el cambio climático, o que tienen un cierto nivel educativo o poder adquisitivo, llegan a dar el paso de electrificar sus hogares. 

Para facilitar el acceso de todas las personas a la electrificación y sus beneficios a largo plazo es crucial introducir garantías que eleven el nivel de confianza de las consumidoras hacia este tipo de sistemas alternativos al gas. Necesitamos un plan de modernización energética que incentive el proceso de descarbonización, liderado por nuestras administraciones públicas, que haga posible reducir la demanda al mínimo, al tiempo que garantice los estándares de calidad de vida necesarios para nuestra salud; y que impulse la incorporación de bombas de calor no solo en nueva construcción, sino también en la necesaria rehabilitación energética del actual parque residencial. Para ello nuestros gobiernos deben incorporar los incentivos necesarios. Desde CECU pensamos que, de manera prioritaria, se debería atender a:  

  1. 1Programas de formación específicos para instaladores de bomba de calor, porque la profesionalidad es un valor principal. Necesitamos urgentemente más y mejores instaladores cualificados, porque la clave del buen funcionamiento de la bomba de calor está en el correcto diseño y ejecución de la instalación. Tal y como se recoge en la reciente Directiva de Energías Renovables (2023), los Estados miembros deben establecer programas de formación para garantizar que haya suficientes instaladores con la formación adecuada para cumplir los objetivos nacionales en materia de energías renovables.  
  2. Un listado de instaladores certificados de bombas de calor con respaldo institucional, que sea la referencia que permita a las personas consumidoras acceder a profesionales cualificados con todas las garantías. El IDAE puede ser el encargado de establecer los procedimientos de verificación suficientes para incluir instaladores al listado y los gobiernos autonómicos serían los responsables de la publicación y actualización en su página web. De este modo, los consumidores pueden tener la seguridad de que dichos instaladores han sido debidamente formados y homologados. 
  3. Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC) para solucionar posibles problemas en la instalación de bombas de calor y su correcto o adecuado funcionamiento. Dado el elevado coste de la instalación, la resolución extrajudicial de conflictos sería una garantía de protección adicional para los consumidores.  
  4. Un programa de ayudas y subsidios proporcionales a los ingresos, que permitan incorporar a todas aquellas personas consumidoras que no pueden acceder a esta transición energética. Existen ayudas procedentes de fondos europeos, gestionados por las comunidades autónomas, pero suelen ser poco conocidas. Además, los gobiernos regionales no han demostrado el suficiente compromiso para promover los subsidios a la eficiencia energética y la instalación de bombas de calor para eliminar el gas de los hogares.
  5. Incorporar al programa otras medidas incentivadoras como las desgravaciones fiscales (en este momento retiradas), ya que, junto a la falta de conciencia social sobre los beneficios y ahorros que se pueden conseguir, existe un desinterés general y reticencia al cambio, sobre todo cuando este supone un coste económico considerable, como es el caso de la instalación de una bomba de calor. 

Si bien es fundamental comunicar de forma efectiva a los consumidores la necesidad y las ventajas de llevar a cabo la descarbonización, si esta información no va acompañada de medidas que faciliten y de ayudas económicas que la hagan realidad, solo creará frustración.