Comunicación

Pérdidas y desperdicio de alimentos: lo que no se mide no se puede reducir 

En el Día Internacional de Concienciación sobre las Pérdidas y el Desperdicio de Alimentos, desde CECU insistimos en que para atajar este problema es necesaria la implicación de toda la cadena alimentaria y que la responsabilidad no recaiga únicamente sobre las personas consumidoras.

Hace poco más de un año se consiguió aprobar la Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, con el objetivo de prevenir y reducir “las pérdidas y el desperdicio de alimentos por parte de todos los agentes de la cadena alimentaria”. Sin embargo, hoy observamos que la totalidad de las campañas de sensibilización y de los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ponen el foco exclusivamente en el desperdicio generado por la ciudadanía, dentro y fuera de los hogares.

Si queremos abordar el problema de forma eficaz, tal y como CECU viene reclamando desde la fase de redacción de la ley, necesitamos saber qué ocurre en cada eslabón de la cadena alimentaria. Porque lo que no se mide no se puede reducir.

Los datos internacionales muestran que las pérdidas y el desperdicio de alimentos se producen a lo largo de toda la cadena. Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, a nivel global un 13% de los alimentos se pierde entre la cosecha y la distribución minorista, mientras que un 19% adicional se desperdicia en el comercio, la restauración y los hogares. 

Sin embargo, en España seguimos sin contar con información pública suficientemente completa sobre las pérdidas y el desperdicio que se producen en el campo, la industria, la distribución o la hostelería. Sin estos datos, resulta imposible identificar dónde se generan los principales problemas, cuáles son sus causas y diseñar soluciones eficaces que permitan a todos los agentes asumir su parte de responsabilidad. 

Por ello, desde CECU reclamamos al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y al conjunto de las administraciones públicas que desarrollen sistemas de medición y seguimiento que abarquen toda la cadena alimentaria. También es necesario que las campañas de información y sensibilización reflejen que la prevención del desperdicio es una responsabilidad compartida.